¿Y
cuándo me va a hipnotizar?
Raúl, un hombre de unos cuarenta años, parece tener un carácter
apacible.
Me visita en mi consulta porque necesita tomar cursos de perfecciona-miento y hace años que dejó de estudiar. Le cuesta retomar los hábitos de
estudio y se siente inseguro de poder lograr un buen rendimiento y trabajar al
mismo tiempo.
Mientras conversamos, observo que se va relajando espontáneamente. Su hablar se hace más acompasado y su parpadeo se hace más lento.
Intencionalmente yo también bajo el ritmo de mi conversación y le hablo con
voz suave y cálida.
Le explico las sugestiones positivas que trabajaremos y le explico que comenzaremos con una relajación psicofísica. A los pocos segundos de
comenzar la relajación, pronuncio las sugestiones que hemos acordado. Luego,
indico que al contar de tres a uno volverá su consciencia habitual, sintiéndose
muy bien y renovado.
Conversamos un poco de la experiencia. Pero Raúl se inquieta y me
pregunta:
—"¿y cuándo me va a hipnotizar?" Entonces, le pido que cierre los ojos nuevamente y piense en la relajación que hicimos. En seguida, le digo enfáticamente:
—¡cuando cuente de 1 a 3 no podrás levantar los brazos de lo pesados que están! Le pido que lo intente y efectivamente no logra levantarlos,
pese a que abre los ojos y le pido que observe la situación.
Le hago notar que me está escuchando perfectamente bien, que escucha los ruidos al exterior de mi consulta, incluso un teléfono comienza a sonar. Sin
embargo, no puede mover los brazos. En el estado de vigilia habitual esta situación no podría darse.
Raúl ha entrado en trance informal. No ha sido necesario usar un método
particular de inducción. Ha sido tan normal para él la relajación que he debido
demostrarle que ha estado en trance.
Mucha gente piensa que entrar en estado hipnótico significa dormirse. Lamentablemente el error comienza con la palabra hipnosis, como señalé en
una lección anterior. Se piensa también que hay pérdida de consciencia, que
uno no debe darse cuenta de nada.
La hipnosis consiste simplemente en lograr por algún método que la consciencia se focalice en un solo punto o tema, como en el ejemplo, en
las sugestiones que le doy a Raúl. Todo lo demás que ocurre alrededor se sigue percibiendo, pero la mente no le presta mayor atención. Es lo mismo que
le sucede a usted si está leyendo atentamente esta lección. Se ha concentrado
en comprenderlo que aquí se explica. Lleve la atención ahora a los sonidos
que le rodean. En mi caso, mientras escribo esto, siento el canto de las aves,
el motor de algunos automóviles, el trabajo de unos obreros que están cerca
construyendo unas casas, el bostezo del perro que acaba de estirarse...
Todos esos sonidos han estado presentes, pero la mente consciente se pone
selectiva y se concentra en lo que está haciendo o en lo que le dicen. En la
hipnosis esto se agudiza aún más. Esto es todo lo que hay que conseguir. Una
vez logrado que la conciencia se focalice, las frases que se digan ingresarán
directamente al subconsciente sin el filtro crítico de la consciencia.
El subconsciente no juzga ni critica, acepta como válido el mensaje que se le
entrega y luego la mente interior hará todo lo necesario para que se cumpla
aquello que ha aceptado como real y presente.
Por Sergio Valdivia (del curso de Hipnosis y Autohipnosis en línea)
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